Antología poética - Juan Ramón Jiménez



"(...) ¿qué niño idiota, hijo del odio y del dolor,
hizo el mundo, jugando con pompas de jabón?"








Jiménez, Juan Ramón. Antología poética.
Madrid: Cátedra, 1987.

Col·lecció Letras hispánicas, 19


 Que en diu la contraportada...
La obra de Juan Ramón Jiménez ha sido tradicionalmente mal leída y comprendida, por los prejuicios de numerosos críticos que han entorpecido la lectura de su poesía. Se ha pretendido desarraigarla del contexto histórico, apelando a su presunta actualidad, sin tener en cuenta que esta poesía responde a una sola y misma búsqueda, que la raíz no cambia, pero sí evoluciona.

En la presente edición se persigue el desarrollo de este núcleo permanente y unificador a través de toda la obra juanramoniana. La selección de poemas se ha hecho a partir de los libros del poeta editados durante su vida, quedando así representadas todas la etapas, todos los estilos y todos los grandes temas de la poesía de Juan Ramón Jiménez. 

 Com comença...
Va cayendo la tarde con triste misterio...
inundados de llanto mis ojos dormidos,
al recuerdo doliente de Amores perdidos,
en la bruma diviso fatal cementerio...

El Sol muerto derrama morados fulgores
inundando de nieblas la verde espesura...
Dulce ritmo harmonioso de vaga amargura
me despierta... A mi lado se duermen las flores...
(...)
Somnolenta. Ninfeas.

 Moments...
(Pàg. 113)
(...)
“La Carne es sublime:
la Carne mitiga los cruentos Martirios de la Vida humana...
El Día más grande de la Vida lúgubre,
es el rojo día de la Desposada,
de la pura virgen
que en delirios locos gozará una dicha lujuriosa y lánguida...
el Placer ignoto
que entre el blanco velo y los azahares ve la virgen cándida,
es una Diadema de áureos resplandores
que ciñe la frente de los Sufrimientos y de las Desgracias...;
cuando el noble amado,
la cerrada verja del jardín de goces abre enardecido,
cuando el noble amado la helada Inocencia de la virgen rasga,
una Aurora ríe en los cielos verdes de las Ilusiones,
y es la Vida un Sueño de hermosas visiones enloquecedoras;
la Vida es dichosa, la Vida sonríe, suspira la Vida y la Vida canta...
(...)
La canción de la carne. Nínfeas.

(Pàg. 115)
(...)
...De pronto, cruzaron los Espacios mudos,
de lúgubres cuervos lúgubres bandadas,
que con fugaz vuelo
graznando seguían a tierna paloma, cuyas plumas blancas,
de gotas de sangre
iban salpicadas...
La canción de la carne. Nínfeas.

(Pàg. 124)
(...)
¡Qué triste es amarlo todo
sin saber lo que se ama!
Parece que las estrellas
compadecidas me hablan;
pero como están tan lejos,
no comprendo sus palabras.
¡Qué triste es tener sin flores
el santo jardín del alma,
soñar con almas floridas,
soñar con sonrisas plácidas,
con ojos dulces, con tardes
de primaveras fantásticas!...
¡Qué triste es llorar, sin ojos
que contesten nuestras lágrimas!
(...)
Primavera y sentimiento. Rimas.

(Pàg. 130)
(...)
¿Por qué el alma llora tanto,
muerta para sus amores,
si sabe que hay otro llanto
temblando sobre las flores?
(...)
Arias otoñales. Arias tristes.

(Pàg. 138)
(...)
y al pensar que no serían
nunca míos sus secretos,
en vez de seguir mirándola
bajé los ojos al suelo.
(...)
Recuerdos sentimentales. Arias tristes.

(Pàg. 144)
Francina, en la primavera
tienes la boca más roja?
-La primavera me pone
siempre más roja la boca.

-Es que besas mas, o es
que las rosas te arrebolan?
-Yo no sé si es mal de besos
o si es dolencia de rosas.

Y, te gustan más los labios,
o las rosas? -¿Qué me importa?...
La rosa me sabe a beso,
el beso a beso y a rosa.

Entonces le puse un beso
en la rosa de su boca..
La tarde de abril moría,
rosamente melancólica:

las fuentes iban al cielo
con su plata temblorosa...
Francina deshojó a besos
su boca sobre mi boca.
Jardines galantes. Jardines lejanos.

(Pàg. 149)
(...)
Y hasta dejarse morir
de pena, morir de frío,
morir de penumbra, o
de color, o de lirismo...
Jardines dolientes. Jardines lejanos.

(Pàg. 159) (...)
¡Pero mátame de carne,
que me asesine tu boca,
dardo que huela a tu sangre,
lengua, espada dulce y roja!
(...)
El valle. Pastorales.

(Pàg. 197)
(...)
Por el balcón abierto a brumas estrelladas
venía un viento triste de mundos invisibles...
Ella me preguntaba de cosas ignoradas
y yo le respondía de cosas imposibles...
(...)
Rosas de cada día. La soledad sonora.

(Pàg. 202)
(...)
¿Por qué se inflama en oro la tristeza
cuando, frente a las tardes infinitas,
el alma sueña sobre las terrazas
con días falsos de imposibles vidas?
(...)
Las hojas secas. Poemas mágicos y dolientes.

(Pàg. 219) (...)
¡Y cuando se extinguieron los llantos del piano,
caí, como una hoja marchita; entre sus brazos,
caí sin vida, herido, de niebla, sollozando!
- ...¿Qué tienes? –su voz bella, apagada, me dijo. 
-  ...Tengo...,¡qué se yo!..., nada...¡El corazón partido...,
y he visto lo infinito.., y he visto lo infinito!
Tercetos melancólicos. Melancolía.

(Pàg. 226) 
(...)
¿qué niño idiota, hijo del odio y del dolor,
hizo el mundo, jugando con pompas de jabón?
Carta a Georgina Hübner. Laberinto.

(Pàg. 267)
(...)
Cuando, dormida tú, me echo en tu alma,
y escucho, con mi oído
en tu pecho desnudo,
tu corazón tranquilo, me parece
que, en su latir hondo, sorprendo
el secreto del centro
del mundo.
(...)
¡Fuego! Diario de un poeta recién casado.

(Pàg. 291)
(...)
¡Qué odio al mí de ayer!
¡Qué tedio del mañana
en que he de odiarme hoy!

¡Oh qué montón de flores mustias
toda esta vida!
Eternidades.

(Pàg. 292)
Tu cuerpo: celos del cielo.
Mi alma: celos del mar.
-Piensa mi alma otro cielo.
Tu cuerpo sueña otro mar-.
Universo. Eternidades.

(Pàg. 293)
(...)
Lo seré todo,
pues que mi alma es infinita;
y nunca moriré, pues que soy todo.
Eterno. Eternidades.

(Pàg. 323)
(...)
Pensamientos, ¡oh vida!, sentimientos
que ya son míos aun sin ser
-¡qué goce ser el dueño de una cosa que no esiste-,
(...)
La torre abierta. Belleza.

(Pàg. 336) ¡Cómo me siguen
en fila interminable
todos los yos que sido!
¡Cómo se abre el ante mí
en infinita fila
para todos los yos que voy a ser!
¡Y qué poco, qué nada soy yo
este yo, de hoy
que casi es de ayer,
que va a ser todo de mañana.
El presente. La realidad invisible.

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