La chica sobre la nevera y otros relatos - Etgar Keret

 


 "(...) ¿Qué me van a contar ellos que yo ya no sepa? ¿Qué van a poderme decir de ella que me lleve a amarla ni una pizca menos de lo que lo hago?"







Keret, Etgar. La chica sobre la nevera y otros relatos.
Madrid: Siruela, 2006

Gaaguai le-Kissinger. Traducció d’Ana María Bejarano.
Col·lecció Nuevos Tiempos, 89



::: Què en diu la contraportada…
Etgar Keret nos ofrece unos cuentos muy cortos que se suceden al ritmo trepidante de la vida israelí, revelando una realidad insoportable y conmovedora a la vez: la de una sociedad que intenta distanciarse del absurdo de los conflictos bélicos de la región. Los cuentos de Keret nos provocan violentas risotadas por sus profundas inmersiones en el humor más negro y su enorme ironía. Moviéndose entre la vida corriente y la fantasía, expresan su disconformidad e incomodidad ante la realidad, hablan de la violencia, de la debilidad humana, de perdedores sin ambiciones, de soñadores que todavía creen poder cambiar el mundo y, también, de la generación de los treintañeros incorregiblemente apegados a la infancia, y todo ello en un lenguaje coloquial, precipitado y natural en el que se reconocen las técnicas del pastiche, del kitsch y del vídeo clip.

::: Com comença…
Mi padre no se avino a comprarme un muñeco de Bart Simpson. Y eso que mi madre sí quería, pero mi padre no cedió y dijo que soy un caprichoso.
Romper el cerdito.

::: Moments...
(Pàg. 32)
Ya no soy capaz de hacer ese truco. Hubo un tiempo en que me gustaba, pero hoy, sólo con pensar en él, me tiemblan las manos. Sigo imaginándome las terribles cosas que voy a sacar y que me están esperando dentro. Ayer soñé que metía la mano y que sobre ella se me cerraban las fauces de un monstruo. Me cuesta entender que antes tuviera el valor de introducir la mano en ese lugar tan tenebroso. Que antes tuviera el valor de cerrar los ojos y dormirme.
El truco del sombrero.

(Pàg 43)
Por el cincuenta cumpleaños de mi padre me puse a penar por un momento en la vida. En cómo nos dejamos mear en la sopa. Cómo les dejamos pasar absolutamente todo a los más grandísimos mierdas, porque nada merece la pena ni el esfuerzo.
El campeón del mundo

(Pàg. 74)
- (…) ¿a quién le queda tiempo para mar con tanto sufrimiento como tenemos a nuestro alrededor? Esto es una verdadera pesadilla. Tienes que entender que yo nunca quise una vida así. Es como si estuvieras poseído por un ángel. ¡Maldita sea! Si por lo menos se tratara del diablo, hace ya tiempo que alguien se habría ocupado de acabar conmigo.
Buenas intenciones

(Pàg. 93)
- (…) es que estoy bastante harto.
- ¿De los cigarrillos?
- De todo -le contestó Uzi, presionando el dedo contra el fondo del cenicero como si quisiera apagar un cigarrillo que ya no existía-. De todo. Las cosas ya no tienen ningún sentido, pero que ninguno. ¿Conoces la sensación esa de que estés donde estés siempre te preguntas qué es lo que estás haciendo allí? Pues así es como y me siento, constantemente. Me muero por marcharme. De donde esté, a otro lugar (…).
El verdadero campeón de los juegos preolímpicos.

(Pàg 94)
- (…) En este momento, si quiero, disparo -se dijo en voz alta.
Trasladó al cerebro la orden de apretar el gatillo. El dedo respondió, pero a mitad de camino Eitan decidió detenerse. Podía, no tenía miedo, ahora sólo tenía que averiguar si quería.
El verdadero campeón de los juegos preolímpicos.

(Pàg. 115)
(…) soñé que era una cuarentona asqueada de mí y de la vida. De no tener carné de conducir, de no saber inglés, de no haber estado nunca en el extranjero. La sangre que manaba de mí estaba empezando a endurecerse y me pareció que aquello era una maldición. Que esa regla nunca tendría fin.
Dolores menstruales.

(Pàg. 124)
No sabía qué hacer de mi vida. Estaba solo, tan solo. Lo que más ansiaba era tener un gran amor. Por lo general, cuando me encuentro en una situación así, empiezo a estudiar algo nuevo, guitarra, pintura o algo parecido. Porque si consigo entrar en ello me encuentro bastante mejor y me olvido de que en realidad no tengo a nadie en el mundo (…).
Venus me sale rana.

(Pàg. 134)
(…) Me dicen que no me líe con ella, cuando nosotros ya nos amamos con locura. Podría matarlos por eso, pero no les digo nada, como mucho les pido que se callen y los odio en silencio. ¿Qué me van a contar ellos que yo ya no sepa? ¿Qué van a poderme decir de ella que me lleve a amarla ni una pizca menos de lo que lo hago?
Cien por cien

(Pàg. 149)
Todos los periodistas son unas verdaderas putas y yo había echado abajo una pared. Hacía ya algo así como cuatro meses que ella se había marchado. Al principio creí que estas reformas me tranquilizarían pero, hasta el momento, todo lo que habían conseguido era ponerme más nervioso.
La exclusiva.

(Pàg. 168)
Disfrutamos de la libre elección. O la nada o la no nada. Tenemos ante nosotros todas las alternativas.
Otra alternativa.

(Pàg. 169)
¿Qué harás tú el día en que la mujer de tu vida muera? Yo me fui en coche a Jerusalén y volví.
Sin ella

(Pàg. 184)
El abuelo siempre le decía a mi madre que me había educado muy mal, que no me había preparado para la vida como era debido. Y mi madre siempre se disculpaba y le decía que justamente sí me había preparado para ella, pero que lo que pasaba era que la vida de hoy no se parecía en nada a la de antes. Que hoy ya no hace falta saber preparar cócteles molotov con alcohol de quemar y clavos, ni matar para comer, que bastaba con aprender a disfrutar de la vida. Pero el abuelo insistía, tan testarudo como siempre. Me pellizcaba la oreja y me susurraba que para saber disfrutar, también había que saber lo que era sufrir. Porque si no, no servía para nada (…).
El verano del setenta y seis.

::: Què en penso...
La chica sobre la nevera y otros relatos del Etgar Keret és un recull de contes breus que amb una prosa directe, sense subterfugis estilístics -i gosaria dir amb una voluntat força provocadora-, ens ofereix un panorama fosc i pessimista sobre la vida a l’orient mitjà.

Keret ens trasllada el dia a dia de la societat jueva i de l’àrab a Israel. De les seves interaccions i de com s’ignoren al mateix temps. Ho fa a partir de plantejar situacions que parteixen de la realitat quotidiana però que es desenvolupen en un entorn surrealista, o si voleu oníric.

El to cínic, obscur, cruel i violent de la majoria de contes acompanya temàtiques com la manca d'enteniment mutu, el desamor, la incomprensió del món femení, la fúria cega, l’absurditat de la vida, el conflicte social i la manca de sortides.

El que és definitiu és que tots els contes giren al voltant d’una idea central: la necessitat d’escapar de la tragèdia. De l’asfixia de dues societats condemnades. De dues formes de fer oposades. De dos maneres d’entendre el món.

La contística de l’israelià es caracteritza també per usar sempre narradors en primera persona i pels finals que deixen el lector completament penjat. L’agilitat i el ritme trepidant defineix la lectura en qualsevol dels contes. De vegades però, el context social i polític pot resultar una mica confós.

L’humor també hi és present, o potser millor dir-ne sornegueria, igual que un cert to cru al retratar la violència. L’autor, mitjançant els seus personatges i la narració en primera persona expressa una mena de desànim vital.

Justament per això la lectura de La chica sobre la nevera y otros relatos, tot i ser interessant i permetre accedir al dia a dia d’una societat llunyana, no us serà una experiència simpàtica ni agradable. Alguns moments són força durs i desoladors.

:::
 D'altres han dit...
La tormenta en un vaso, De libros, Cazando estrellas, París nos pertenece, Filias home, Tu nombre en la portada, 2000 battute, ITHL, The Middle Stage.

::: Enllaços:
Etgar Keret, perfil de l'autor, referències i context, l'autor parla d'ell mateix, claus en la seva escriptura,


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