La litera fantástica y otras narraciones - Rudyard Kipling



"...la distancia entre lo horrible y lo vulgar es muy pequeña."






Kipling, Rudyard. La litera fantástica y otras narraciones. 
Madrid: Aguilar, 1977

The phantom rickshaw. Traducció de Carlos Pereyra.



 Com comença...
Una de las pocas ventajas que tiene la India comparada con Inglaterra, es la gran facilidad para conocer a las gentes. Después de cinco años de servicio, el hombre menos sociable tiene relaciones directas o indirectas con doscientos o trescientos empleados civiles de su provincia, con la oficialidad de diez o doce regimientos y baterías y con mil quinientos individuos extraños a la casta de los que cobran sueldo del Estado.
La litera fantástica.

 Moments...
(Pàg. 32)
Sabréis por vosotros mismos la naturaleza precisa de mi enfermedad, y juzgareis, de acuerdo con vuestro propio criterio, si es posible concebir tormentos iguales a los que yo he sufrido en este triste mundo.
La litera fantástica.

(Pàg. 34)
Supo, en agosto de 1882, porque yo se lo dije que su presencia me hacía daño, que su compañía me fatigaba y que ya no podía tolerar ni el sonido de su voz. El noventa y nueve por ciento de las mujeres hubiera demostrado el mismo desvío, y el setenta y cinco se habría vengado al instante iniciando relaciones galantes con otro. Pero aquella mujer no pertenecía a las setenta y cinco ni a las noventa y nueve; era la única del centenar. No producían el menor efecto en ella mi franca aversión ni la brutalidad con que yo engalanaba nuestras entrevistas.
- Jack, encanto mío.
Tal era el eterno reclamo de cuchillo con que me asesinaba.
- Hay entre nosotros un error, un horrible desconcierto que es necesario disipar para que vuelva a reinar la armonía. Perdóname, querido Jack, perdóname.
Yo era el de toda la culpa, y lo sabía, por lo que mi piedad se transformaba a veces en una resignación pasiva; pero, en otras ocasiones, despertaba en mí un odio ciego; el mismo instinto, a lo que creo, del que pone salvajemente la bota sobre la araña después de medio matarla de un papirotazo. La estación de 1882 acabó llevando yo este odio en mi pecho.
La litera fantástica.

(Pàg. 44) 
(...) la distancia entre lo horrible y lo vulgar es muy pequeña.
La litera fantástica.

(Pàg. 49) 
(...) no había dejado de pensar en la señora Wessington, y en cada metro de terreno veía levantarse un recuerdo de nuestros paseos y de nuestras confidencias.
Cada piedra tenía grabada alguna de las viejas memorias, las cantaban los pinos sobre nuestras cabezas, los torrentes henchidos por las lluvias, parecían repetir burlescamente la historia bochornosa; el viento que silbaba en mis oídos iba publicando con voz robusta el secreto de la iniquidad.
La litera fantástica.

(Pàg. 68)
(...) advertí que estaba entre la gente, sin formar parte de la sociedad, y que durante  el resto de mis días habría de ser un extraño para todos mis semejantes.
La litera fantástica.

(Pàg. 76)
Compadecedme, y hacedlo siquiera por mi ilusión; pero yo bien sé que no creeréis lo que acabo de escribir. Y, sin embargo, si hubo alguien llevando a la muerte por el poder de las tinieblas, ese hombre soy yo.
La litera fantástica.

(Pàg. 77)
(...) se dice que quien se interne en el riñón de Bikanir, que está en el gran desierto de la India, encontrará no ya un pueblo, sino toda una ciudad en donde se han establecido los muertos que no murieron, pero que ya no viven.
La aldea de los muertos.

(Pàg. 88)
Gunga Dass me dijo, sin preámbulo:
- Hay solo dos clases de hombres, señor: los vivos y los muertos. El que ha muerto, ha muerto, y el que vive, vive.
Se interrumpió para atender a su pajarraco, que esta va a punto de achicharrarse.
- Si usted muere en su casa y no está muerto cuando lo llevan al ghat para quemarlo, viene a este lugar.
Al oír esto comprendí la naturaleza de aquella aldea pestilente, y todo cuando antes leí o se me narró sobre materias grotescas y horribles palideció en presencia del hecho que me comunicaba el antiguo brhamin.
La aldea de los muertos.

(Pàg. 137)
- (...) Y ahora, señor, permítame usted que le presente a mi hermano del alma, Peachey Carnehan. Yo soy el hermano Daniel Dravot. De nuestras profesiones, cuanto menos se diga, mejor, porque hemos sido cuanto puede uno ser: soldados, marineros, cajistas, fotógrafos, correctores de pruebas, predicadores de guardacantón y corresponsales del Cazador cuando creímos que el periódico los necesitaba.  Carnehan es abstemio y yo también. Examínenos usted y verá que no le engañamos. No haga usted la prueba del aliento. Más le convendrá darnos un cigarro por cabeza y verá cómo los encendemos.
El rey de Kafiristan

(Pàg. 139)
- (...) hemos llegado a la conclusión de que el único lugar en el mundo que dos hombres de nuestra fuerza pueden Sar-a-Wkack es ese que llaman Kafiristán. Yo creo que es el que está en el rincón de arriba del Afganistán, a mano derecha, menos de trescientas millas de Penshavar. Tienen allí treinta y dos ídolos paganos, y nosotros seremos el treinta y tres y el treinta y cuatro. El país es montañoso y las mujeres de aquellas regiones son muy hermosas.
- Pero eso está prohibido en el contrato. Ya lo sabes: ni mujeres, ni licor, Daniel –dijo Carnehan.
- Y a eso se reduce lo que sabemos, excepto que nadie ha ido allí. Y luchan, y en donde  hay lucha, un hombre que sabe disciplinar a los otros puede ser rey. Nosotros iremos a esas regiones, y les diremos a todos los reyes que hallemos al paso: “¿Quiere usted vencer a sus enemigos?” Y enseñaremos a cada tribu la disciplina militar, porque eso sí lo sabemos bien (mejor que cualquier otra cosa). Y, después echamos abajo ese rey y tomamos su trono, y establecemos una dinastía.
El rey de Kafiristan

(Pàg. 197) 
¿Conocéis la vida de una de estas misiones excéntricas? Haced el esfuerzo con la imaginación para representaros una soledad más grande que la de esas estaciones de ínfimo orden adonde os ha enviado el Gobierno: imaginad un aislamiento que pesa sobre vuestros párpados desde que despertáis y que os acompaña en todas las tareas cotidianas: no hay oficina de correo; no hay un solo ser de vuestro color con quien hablar; no hay caminos; no hay otros alimentos que los indispensables para no morir de agotamiento, pero ninguno de los que dan gusto al paladar; no hay ser u objeto que os atraiga por su bondad, por su belleza o por su interés. Toda vuestra vida ha de estar en vosotros mismos y en la gracia divina con que hayáis sido beneficiados.
El juicio de Dungara.

(Pàg. 199)
Pocos pastores os hablarán de tales cosas, como no os hablarán de aquel joven David of St. Bees que, destinado  a la obra del Señor, volvió quebrantado por la más amarga desolación y casi con la razón perdida, gritando en la Misión central:
- ¡No hay Dios, pero he andado en compañía del diablo!
El juicio de Dungara. 

(Pàg. 215)
(...) El espíritu  de un viejo es como el numah. Este árbol  tiene a la vez retoños, flores y hojas secas del pasado. Lo antiguo y lo nuevo, hasta lo que pertenece a la región del olvido, ¡todo se halla junto!
La inundación

(Pàg. 235)
Wali Dad permanecía largas horas en la repisa de la ventana de Lalun, admirando el paisaje. Wali Dad era un joven mahometano atacado de aguda dolencia, consistente en una educación de la variedad importada por Inglaterra. Y él lo sabía. Su padre lo envió a una escuela de misioneros para que aprendiera la sabiduría, pero  Wali Dad absorbió esta sustancia en cantidades fabulosas. SU padre y los misioneros no sospechaban que pudiese caber tanta sabiduría dentro del espíritu de un joven. Al morir el padre de Wali Dad, este quedó dueño y árbitro de sus actos, y empleó dos años en experimentar todos los credos de la tierra y en leer cuanto libro inútil de ha impreso.
En la muralla

(Pàg. 236)
Su vida se dividía en dos partes: la primera de ellas estaba consagrada a pedirme libros prestados. La segunda tenía por único objeto adorar a Lalun en la repisa de la ventana.
En la muralla.

(Pàg. 238)
Vosotros conocéis a muchos caballeros muy respetables que llegan de Inglaterra permanecen dos o tres semanas en la India, dan un paseo en torno de la Gran esfinge de las Llanuras, y toman la pluma para escribir sobre sucesos y personas, sobre costumbres y sobre cuánto les viene en gana, según las inspiraciones de su ignorancia. Como consecuencia de estos libros, el mundo entero se cree informado sobre la conducta del supremo Gobierno. Pero si examinamos las cosas a fondo, vemos que nadie, ni el propio Gobierno supremo, sabe una palabra acerca de la administración del Imperio.
En la muralla

(Pàg. 241)
Sus ojos son negros, y es negro su cabello, y son negras su cejas como dos gusanillos de la tierra húmeda; su boca es pequeña y dice frases ingeniosas; sus manos son pequeñas y han atesorado mucho dinero; sus pies son pequeños y han tenido por alfombra los corazones de muchos hombres.
En la muralla.

 Altres n'han dit...
La pluma librosUn libro al dia, Historia con minúsculas, Pep Grill.

 Enllaços:
Rudyard Kipling, context, literatura fantástica: una etapa més de la seva progressió com a escriptor, inspiració per un dels grans contes.

 Llegeix-lo:
Anglès (facsímil 1899 Ed. Tudor Publishing: The indian tales)
Anglès (facsímil 1890 Ed. Sampson Low, Marston, Searle & Rivington: The phantom 'rickshaw and other tales)

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