El complejo de dinero - Franziska von Reventlow




"De acuerdo, será primavera, ¿pero qué me importa?"






Von Reventlow, Franziska. El complejo de dinero

Cáceres: Periférica, 2010. 

Der Geldkomplex. Traducció de Richard Gross
Col·lecció Largo recorrido, 8
 


⇲ Què en diu la contraportada...
A principios del siglo XX una joven alemana de clase alta, de vida alocada y casada por conveniencia, ingresa en una peculiar clínica psiquiátrica para curarse de sus habituales problemas con el dinero. Allí compartirá sus días y sus escapadas con un extravagante conjunto de enfermos muy parecidos –tan divertidos como irritantes– a los personajes de algunas películas de los Hermanos Marx. O de Ernst Lubitsch (el director de Ninotchka, Lo que piensan las mujeres o El diablo dijo no), con quien también ha sido emparentada la obra de Franziska von Reventlow.

Irónica, seductora, divertidísima, heterodoxamente feminista, El complejo de dinero, publicada por primera vez en 1916, fue considerada como una de las novelas más inteligentes y atrevidas de su época.

⇲ Com comença...
Mi querida Maria:
Por una carta acuciante de B..., que me fue reenviada por el Consulado, infiero que mi ausencia es motivo de preocupación.

⇲ Moments...
(Pàg. 15)
De acuerdo, será primavera, ¿pero qué me importa? No hay estaciones del año, no hay sol que brille ni flores que florezcan, no hay canto de calandrias ni hay ranas: sólo hay dinero. Todo aparenta ser feliz, pero no hay felicidad ni tragedia pues con dinero se soporta cualquier tragedia y sin él también la felicidad se va al diablo o no se puede aprovechar.

(Pàg. 23) 
(...) el profesor me trata según el método habitual de la casa, que consiste en un régimen diario de actividades con horas de reposo, baños, compresas y demás torturas medievales.  Es como para implorar la misericordia divina, y me gustaría saber si de esa manera la gente de verdad se libra de sus depresiones y trastornos anímicos.

(Pàg. 27)
Según mi intuición, casi todas las psicosis podrían curarse fundamentalmente con dinero (...) Pero parece que ningún psiquiatra lo quiere entender, y tampoco de nada si lo entendiese. No se le puede pedir que encima financie a sus pacientes.

(Pàg. 29)
(...) dijo algo sobre la satisfacción que otorgaba toda creación intelectual.
- No, no lo conozco, pero he oído hablar de eso –me atreví a comentar-. Lo único que me da aliento en esos trances es la idea de los honorarios

(Pàg. 31)
(...) podría reconciliarme con la misma muerte, que antes me resultaba tan antipática; porque si después de esta vida no hubiera otra, tampoco habría acreedores ni facturas. Qué bien que no sea piadosa, porque entonces me imaginaría que la condenación eterna consiste en que a uno lo persiguen hasta en el infierno.

(Pàg. 38)
(...) estoy tan infinitamente interesada en mi propia existencia que no doy para más. También en este sentido la eterna cuestión del dinero la embruja a una, ojalá no lo tengas que vivir nunca. Todas  las bellas cualidades del corazón, toda la empatía hacia los demás, se convierten así en carne de verdugo...

(Pàg. 46)
(...) poco a poco va calando en mí una sensación de derecho a la existencia que ya había perdido por completo. Déjame que te diga, María, que sólo hay dos cosas que nos dan esa sensación: el dinero y el amor.

(Pàg. 63)
Me temo que tienes razón, que nunca más podré habitar una casa, sino sólo estar alojada, etéreamente, con precaución y sin vínculos. En este sentido, algo se ha roto en mí y no volverá a recomponerse...

(Pàg. 99)
(...) Lukas tiene el habitual complejo de edad... Por el que a partir de cierto momento hay que hacer previsión, comprar pensiones vitalicias y ser más constante en las inclinaciones. Yo lo considero un error, y creo que la única ventaja del envejecimiento consiste en que el futuro nos interesa menos y que el momento presente se vuelve cada vez más importante.

(Pàg. 143)
Estoy totalmente sola y saboreo al máximo esta soledad. Es como si el mundo entero se hubiera hundió y no quedara nada más que el cielo, el mar y el dinero.

(Pàg. 145)
Está claro que el dinero sigue tomándome el pelo. Desde que ya no puede escapárseme, surgen una y otra vez situaciones que me impiden gastarlo intensamente. O no queda tiempo, como en Génova, o no hay ocasión, como ahora. Tengo la acusada sensación de que va siendo hora de hacerlo escarmentar para que me reconozca como su señora. Los bolsillos de mis acompañantes y los míos –numerosos y holgados en mi abrigo de viaje- revientan de billetes y su cantidad no disminuye, a veces parece que me sonríen con mueca de escarnio como diciendo “gástanos si puedes”.

(Pàg. 150)
[MonteCarlo] Aquí, mi felicidad está colmada y completa, María, es como si hubiera encontrado mi hogar y todo lo que forma parte de él. Aquí, no se habita, se está en el hotel, y junto a la mesa de juego deja de haber futuro, pasado y presente, tensiones y pensamientos.  Porque noto que el jeu no tiene nada de excitante para mí, al contrario: tiene un efecto tranquilizador, sólo se ve dinero, sólo se oye dinero, sólo se toca dinero, y esto es justamente lo que me hacía falta. Unas veces me pertenece a mí, otras no; se va rodando, se desliza de nuevo hasta mí: ha de permanecer pasivo, no puede permitirse ya ningún capricho, sino que tiene que obedecer los de la ruleta. Y yo lo tiranizo, porque depende de mí si juego, cuánto apuesto y cuándo lo dejo.

⇲ Altres n'han dit...
Boja pels llibres, La amena biblioteca de Redfield HallTercera información, Crítica de libros, Psiquiatria.net, La lechuza, Pep Grill.

⇲ Enllaços:
Franziska von Reventlow, context socio-econòmic i literari, posició feminista, ficció o autoretrat?.

⇲ Llegir:
Alemany (html)

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